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La Esperanza: una cooperativa de ventilación que renueva el aire de la economía social

Este emprendimiento es un ejemplo exitoso de cómo a partir del trabajo asociado se puede recuperar una fábrica. ¿Cómo lo lograron? Trabajando juntos con esfuerzo, compromiso y solidaridad.
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Todas las mañanas, los trabajadores de Cooperativa La Esperanza inician sus labores con el entusiasmo y compromiso de quienes han recuperado la confianza en sus propios conocimientos. Con chapas, cables, martillos y tableros de comando, la fábrica arranca su producción bien temprano en la localidad de Monte Grande. Mates de por medio, charlas laborales y un bullicio incesante comienza a nacer. La fábrica está en su máximo esplendor. Más tarde vendrá el momento de almorzar, planificar los trabajos vespertinos y prepararse para un nuevo día de intenso trabajo.

Seis años atrás, ese bullicio no existía. La empresa Cler, que originariamente funcionaba en ese lugar, había quebrado. Cuando una empresa atraviesa momentos de crisis profunda, y sus trabajadores deciden recuperar los medios de producción, una opción viable es comenzar a transitar el camino del cooperativismo. Así lo imaginaron los socios de Cooperativa La Esperanza en 2009: se unieron para salir adelante y mantener sus puestos de trabajo.

Este grupo de ocho socios, que se dedican a la elaboración de productos de extracción y ventilación de aire como purificadores, extractores y ventiladores, hoy trabajan juntos y tienen objetivos comunes. “Somos como una familia, la fábrica es como mi hogar, me siento muy cómodo”, cuenta sonriente Julio Suarez, uno de los socios. Y Mario Ramírez, su compañero incondicional, recuerda: “todos ponemos el mismo esfuerzo y voluntad”.

Con el tiempo, los trabajadores, que siempre estuvieron unidos en un mismo proyecto, lanzaron al mercado su propia marca: Laes. Con esfuerzo lograron instalarse en el rubro con productos de alta calidad y fidelizar una variada cartera de clientes.

Actualmente, producen motores en forma integral para una amplia gama de productos que se diversifican con la elaboración de extractores para cocina, para baño, ventiladores de techo y turbos, entre otros artefactos. Esto fue posible gracias al apoyo que recibieron, a través del programa Manos a la Obra de Desarrollo Social. Adquirir herramientas nuevas les posibilitó aumentar significativamente el caudal productivo de la fábrica y comenzar a concretar sus objetivos.

¿Qué les permitió progresar de manera sustentable? Una conjunción de valores como el esfuerzo colectivo, el trabajo asociado, la solidaridad y la organización. Sus saberes se ven reflejados en los productos que elaboran día a día.

Pensando en el futuro, los socios de La Esperanza sueñan con seguir escuchando el bullicio diario de la fábrica y continuar produciendo de manera sostenida. Su meta es posicionarse como la fábrica número uno del país, incorporar más cooperativistas y generar nuevos puestos de trabajo.

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