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Julio Malarino, un luthier que crea guitarras únicas

En su taller de Olivos construye sólo diez al año, entre clásicas y archtop, que se destacan por su gran calidad y diseño. Las produce con maderas centenarias y técnicas tradicionales.
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En un año, Julio Malarino -luthier, especializado en guitarras clásicas y archtop- puede llegar a construir unos diez instrumentos. En su taller de Olivos hay maderas centenarias que perfuman cada rincón. Allí diseña, confecciona y ensambla estas piezas únicas, que son reconocidas en todo el mundo por su gran calidad.

Malarino cuenta que descubrió el oficio cuando era joven y aficionado a la guitarra. “Empecé a animarme, a probar y a descubrir que había modificaciones que cambiaban el funcionamiento de los instrumentos. A partir de ahí estudié y sigo estudiando todo el tiempo”, afirma Julio.

Desde hace cuatro años el luthier también participa de la feria de luthiers que organiza Desarrollo Social. Así logró dar mayor visibilidad a sus productos y abrir nuevos canales de comercialización. Ese encuentro anual también le permite vincularse con otros luthiers de todo el país con quienes comparte experiencias y técnicas.

Las piezas de madera son el alma de cada instrumento. Malarino conserva algunas que tienen más de cien años, que fueron pasando de mano en mano entre familias de luthiers. De las que usa para construir un puente, un mango o una tapa, ninguna tiene menos de 10 años, porque deben estar bien estacionadas.

La construcción de una guitarra comienza en la investigación y el diseño del instrumento. Este artesano revisa su biblioteca y relee libros, recurre a internet para profundizar una idea e incluso suele visitar museos o a algún coleccionista para observar otros modelos y detalles de guitarras. “Me interesa investigar la acústica. Realmente me atrapa. Y el diseño es fundamental: con un mal diseño no se puede lograr un buen final”, señala.

Después de confeccionar las piezas manualmente, Malarino ensambla las partes, las lustra y pone a punto el instrumento. “Quien se lleva la guitarra no sólo se lleva una buena herramienta. Además se lleva un objeto bello”, describe el luthier.

 

 

Sobre el resultado final afirma: “Hago herramientas para que un músico haga arte con ellas. Yo soy un técnico: planifico, diseño, pruebo, me equivoco, corrijo y de esa forma construyo”.

Las guitarras de Julio captan la atención de músicos consagrados como Leandro Pratola, Manuel Álvarez Ugarte y Julio Corzo. “Nuestro país es muy rico en cuanto a música, está repleto de guitarristas. Cuanto más luthiers haya, más va a crecer el oficio. Si somos muchos haciéndolo, vamos a ser un país referente y la gente va a venir a buscar guitarras acá”.

En su taller también funciona la escuela de luthería El Virutero, donde 35 estudiantes se capacitan para darle continuidad al oficio y encontrar una salida laboral. “Yo aprendo mucho de mis alumnos. Soy el que más aprende”, afirma.

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