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Graciela Schüle: entre plantas y tradiciones de familia

Se dedicó a convertir un antiguo sembradío de papas de su familia en un proyecto que hoy funciona como vivero de florales, aromáticas y cactus. Vende los productos en una feria del centro de Córdoba.
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Cada fin de semana, desde hace 9 años,  Graciela Schüle prepara su puesto en el Paseo de las Artes, en pleno centro de la ciudad de Córdoba, donde exhibe su producción: se lucen orquídeas o jazmines -según la época-, cactus y las infaltables aromáticas, muy pedidas por sus clientes.  Su oferta se completa con macetas de barro y porta macetas de hierro. Todo lo que hay en su stand es fruto de su esfuerzo constante, con el que supo convertir aquel predio heredado de sus padres en un gran vivero que crece día a día.

El momento en que su proyecto se convirtió en el medio para ganarse la vida, fue cuando dio el salto del pequeño emprendimiento a convertirlo en un vivero.  Recuerda que en una charla con una promotora de la Comisión Nacional de Microcrédito (CONAMI) fue cuando supo que podía acceder a préstamos otorgados a muy baja tasa de interés,  y se entusiasmó.

En el terreno, años antes, su familia había hecho un sembradío de papas.  Con trabajo y dedicación Graciela lo convirtió en un vivero. Pero se encontró con algunas dificultades: “Acá es muy frecuente el granizo y hay que estar muy atentos para no perder todo en un minuto”, señala. Luego de obtener un microcrédito, pudo cambiar las chapas de los invernaderos y equiparlos con protección de media sombra.

En el vivero trabaja con su pareja, Daniel, quien con sus conocimientos de herrería, complementa el trabajo de Graciela. “Me ayuda en todo, hace estructuras de hierro para los pequeños invernaderos, que nos permiten proteger a las plantas más pequeñas. También fabrica los porta macetas que se venden muy bien en la feria”, cuenta. Ahora tiene un nuevo objetivo: crear un lugar donde las personas que visitan su emprendimiento puedan tomar una merienda y probar sus dulces caseros.

“Soy exigente, mis abuelos alemanes llegaron a la Argentina a fines del siglo XIX y mi amor por las plantas viene de ellos. Siempre tengo nuevos proyectos”, explica Graciela, que a veces huele a tomillo y otras a albahaca. Tiene impregnados los perfumes de la vida que eligió para salir adelante.

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