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Franco Moya: cuando el rugby supera las barreras sociales

Este rugbier tiene 14 y representa a Catamarca en los Juegos Evita. Emocionado nos cuenta cómo el deporte lo hizo crecer y aprender que “los sueños se cumplen con esfuerzo”.
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Por fin salió el sol en la ciudad de Mar del Plata. La cancha del Club Villa Marista todavía muestra los resabios de las lluvias de ayer, pero eso no detiene a los equipos de rugby que compiten en las finales de los Juegos Evita. En los diferentes sectores del predio, las distintas delegaciones provinciales corren de un lado a otro, hacen ejercicios con pelota y fuerza de brazos: todo forma parte de la entrada en calor.

Ya hay dos equipos en la cancha, uno de ellos es el Teros RC de Catamarca, con su capitán Franco Moya a la cabeza. Después de arengar a sus compañeros y desplegar la ceremonia motivacional que los caracteriza, cada jugador se ubica estratégicamente en el campo a la espera del silbato que dará inicio al juego.

No importa si en el deporte se gana o se pierde. Lo importante es entrenar, aprender a respetar al otro, la disciplina y la camaradería. Esos son los valores que pregona Franco Gregorio Moya en su juego. Este joven catamarqueño de 14 años, pilar fundamental dentro de su equipo, es valorado por sus compañeros no sólo por la responsabilidad que demuestra diariamente, sino porque es un ejemplo de cómo el deporte supera las barreras sociales y genera inclusión.

Franco vive junto a sus padres y sus 12 hermanos en un barrio muy humilde de San Fernando del Valle de Catamarca, ubicado a 20 km del club donde entrena. Tres veces por semana, cuando vuelve del colegio, se cambia, almuerza y parte rumbo a los Teros RC, donde realiza su entrenamiento habitual. Esto se complementa con la rutina que su profesor les asigna para hacer en sus hogares: 60 abdominales, flexiones de brazos y 30 espinales. “No se necesitan habilidades específicas para este deporte. Acá no es ser alto o ser fuerte. Hay que entrenar y jugar bien”, relata convencido Moya, quién fue elegido capitán por no faltar nunca a los entrenamientos y asumir el rol de unir al equipo.

Si bien hace tan solo un año que comenzó a dedicarse a esta disciplina, este joven cuenta que su primer acercamiento al rugby fue gracias a la presencia de un ex Puma en su barrio. La ilusión se plasmaba en su rostro al ver lo que sucedía. “Ese día en mi barrio armaron una canchita de rugby en la arena. El ex jugador de la liga mayor me dijo que jugaba muy bien y que me incorpore a un club”.

Integrar este equipo no sólo hace que Franco se sienta parte de un grupo que lo contiene y lo incluye. También lo alienta a seguir adelante a pesar de provenir de un barrio humilde donde el rugby no cuenta con muchos adeptos. A futuro, sueña con ser jugador de rugby en primera o intermedia.

 

Con respecto a su participación en esta nueva edición de los Juegos Evita, el catamarqueño explica: “estoy orgulloso de haber llegado a esta competencia. Vengo a divertirme, a pasarla bien, a estar con mis compañeros. Somos como una gran familia. Además, estoy muy contento porque es la primera vez que vengo al mar y hoy vamos a ir a la playa”.

Franco, al igual que tantos otros jóvenes que practican este deporte de equipo, aprendieron desde sus inicios una serie de cualidades positivas como el compañerismo, el respeto, la lealtad y el sacrificio. Es en los Juegos Evita, donde pueden poner en práctica estos valores que hacen florecer el espíritu de juego limpio y la sana competencia.

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