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CERELADI, Petu y La Cacerola: tres emprendimientos que crecen de la mano de la economía solidaria

A través de los programas de Desarrollo Social, estas tres iniciativas brindan trabajo genuino y promueven el comercio justo.
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El Centro de Rehabilitación Laboral para discapacitados (CERELADI) es una entidad ubicada en Puerto Madryn, provincia de Chubut, que trabaja por la inclusión social de personas con discapacidades motrices y retrasos mentales, capacitándolos e integrándolos a proyectos productivos. Cuenta con 6 talleres, donde se producen bolsas de polietileno para la recolección de residuos, sobres y bolsas de papel, artículos de regalería en material reciclado; delantales de PVC para la actividad pesquera, delantales de cocina, manteles y panificados como pan casero, pre-pizzas y alfajores.

Durante 8 años, el centro funcionó en un espacio cedido por el hospital público de Puerto Madryn. Más tarde, ampliaron su espacio con el apoyo de la Comisión Nacional Asesora para la Integración de Personas con Discapacidad (CONADIS). Asimismo, las personas con discapacidad que operaban en los talleres ascendieron de 8 a 25.

En 2012, el emprendimiento accedió a Marca Colectiva del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Este aval les permitió fortalecer su proyecto, abrir canales de comercialización y adquirir visibilidad.

Actualmente, CERELADI brinda trabajo a 72 operarios que tienen entre 18 y 70 años. Comercializan sus productos desde un salón de venta directa al público. Son proveedores de empresas, comercios, consorcios de edificios y escuelas. Cuentan además con un servicio de reparto a domicilio. A su vez, amplió los talleres que brinda hacia actividades vinculadas al entretenimiento y el arte.

“Petu” es otro de los emprendimientos enmarcados en la economía social. Funciona en el partido de Quilmes, provincia de Buenos Aires y se especializa en la confección de disfraces para niños y niñas de hasta 12 años. Nació de la mano de Patricia Juárez, quien durante 20 años se desempeñó como costurera.

A través del programa Manos a la Obra de Desarrollo Social, pudo adquirir 3 máquinas de coser y completar la instalación de su taller. Este emprendimiento fabrica hasta 4 trajes por día. Los vestidos de princesas de cuentos son los más exitosos. Para niños confecciona disfraces de héroes como el hombre araña; y otros atuendos de piratas, ninjas, vaqueros y vampiros. Comercializa por encargo.

Por su parte, La Cacerola, es una cooperativa de trabajo que nació en 2002, surgida de la Comisión de Desocupados de la Asamblea Popular de Plaza Almagro, en la ciudad de Buenos Aires.

Mediante el programa Manos a la Obra de la cartera social, en 2004, pudo equipar su centro de producción de alimentos y comprar un horno rotativo, una sobadora y una armadora de pan. Esto le permitió incrementar notablemente su producción. A su vez, el emprendimiento participó de la megamuestra Tecnópolis y de las distintas ferias realizadas por Desarrollo Social costa atlántica en verano 2012.

En la actualidad, La Cacerola fabrica una variedad de 40 productos de panadería y pastelería. Cuenta además con una cafetería, un restaurant y un centro cultural. Ofrece también con un servicio de eventos, generando trabajo y recursos para más de 40 personas. El pan caliente relleno, que viene de la cultura centroamericana y en el interior de la masa lleva fiambre y verduras, para estos trabajadores es un símbolo de tiempos heroicos, cuando estos panes se vendían en las plazas y calles para sostener la panadería que recién iniciaba. Es un símbolo también de sus propios orígenes.

De esta manera, estas tres iniciativas que rescatan los saberes de los emprendedores y los trabajadores, continúan creciendo junto a los valores del comercio justo y el consumo responsable. Además de impulsar cambios productivos, promueven cambios sociales para construir una economía más justa y solidaria.

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