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Monotributo social: la inclusión económica como puerta hacia la inclusión social

En sintonía con los valores de la economía solidaria, el alcance de esta herramienta se extiende mucho más allá de sus aspectos económicos. Más de 460 mil personas ya han transformado sus realidades gracias a esta iniciativa.
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Durante 2001 se produjo una de las crisis más importantes que atravesó la Argentina. En ese momento, la tasa de desempleo alcanzó su punto máximo con una cifra del 25 por ciento. Actualmente, tras más de una década de políticas sociales y económicas inclusivas, el índice de desocupación se ubica en el 6,6 por ciento, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Esta mejora en la generación de puestos de trabajo fue posible, en parte, gracias a la implementación de herramientas que fortalecieron a la economía social. Una de ellas es el Monotributo social, un régimen tributario optativo que incorpora a la economía formal a personas en situación de vulnerabilidad que han estado históricamente excluidas. Pero esta acción es sólo parte de un proceso más amplio: la inclusión económica constituye el primer paso hacia la inclusión social. De allí que su alcance no se limite a los aspectos económicos.

Los monotributistas sociales acceden a derechos. Cuentan con las prestaciones de las obras sociales del Sistema Nacional de Salud. Además, ingresan al sistema previsional contando con años activos a la hora de jubilarse. Todo ello, sin perder la oportunidad de ser incluidos mediante la Asignación Universal por Hijo.

 

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La crisis de 2001 reveló que el paradigma de la economía formal y sus valores de individualismo y sobrevaloración de lo privado, promovidos durante los años 90, eran incompatibles con el desarrollo colectivo. En contraposición a ello, y como parte de la economía solidaria, el monotributo promueve un conjunto de prácticas, iniciativas y proyectos que impulsan valores asociativos, comunitarios y de organización. Por ejemplo, las personas físicas, proyectos productivos y cooperativas de trabajo que acceden a él, pueden relacionarse entre sí, asociarse, establecer redes productivas o comerciales y llevar adelante iniciativas conjuntas.

El régimen tributario del monotributo social también potencia el crecimiento de las actividades económicas de sus titulares. Les permite aumentar sus ingresos a través de nueva oportunidad que les brinda el Estado: emitir factura y ser proveedores de productos y servicios en licitaciones y compras públicas por medio del programa Argentina Compra.

Dicho programa contiene los datos de los trabajadores disponibles para ser contratados por el Estado. Esta información es brindada mensualmente por el Registro Nacional de Efectores de Desarrollo Local y Economía Social dependiente de la Dirección Nacional de Fomento del Monotributo Social a la Oficina Nacional de Contrataciones, dependiente de Jefatura de Gabinete de Ministros. De esta manera, quien está inscripto al monotributo social no debe realizar ningún trámite adicional para ser incluido dentro de la nómina.

Una historia de inclusión

Prueba de cómo el monotributo funciona como una herramienta de inclusión social es la historia de dos emprendedores: Raúl Battaggia y Mirta Samiz. Esta pareja de artesanos decidió afrontar la crisis del 2001 fabricando juguetes con materiales reciclados. En aquel entonces, ellos sentían que estaban librando una batalla desde su casa-taller, por lo que llamaron “La Trinchera” a su emprendimiento. Luego de acceder al Monotributo Social pudieron contar con una obra social, aportes jubilatorios y además facturar por sus producciones.

La experiencia de esta pareja de emprendedores se puede ver en el siguiente video, que muestra cómo su abanico de posibilidades laborales y comerciales se amplió significativamente. Actualmente, Raúl y Mirta cuentan emocionados que cada pieza que elaboran representa mucho más que un juguete: es el símbolo de haber superado la adversidad haciendo un aporte a la comunidad, hacia el otro.

Hoy, 14 años después de aquella crisis de 2001 la realidad de nuestro país es muy diferente. Más de 460 mil “Raúles y Mirtas” ya cuentan con el Monotributo Social y siguen transformando sus realidades de la mano de la economía solidaria. De hecho, desde el segundo semestre de 2004 hasta el primer semestre de 2015, 1.097.199 personas pasaron por el programa. Mediante el impulso de herramientas como esta, el Ministerio de Desarrollo Social permite generar y multiplicar el trabajo desde un paradigma económico alternativo: una economía participativa, democrática y distributiva, que valora a la persona, rescata sus saberes y estimula sus ganas de seguir creciendo.

 

 

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"Promovemos la economía social porque genera trabajo genuino, mayor inclusión social y una mejor calidad de vida. Estamos seguros que un comercio justo y otra economía son posibles".

Alicia Kirchner

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